martes, 11 de noviembre de 2008

La familia etérea del escorpión

Estaban mis padres en la cocina discutiendo. Él no soportó más y arremetió contra ella a cuchilladas hasta dejarle el rostro desfigurado. Comenzó a lamer la sangre que de la piel brotaba y después hizo lo mismo con la que estaba regada en el suelo. Me dio risa; parecía un perro sediento.
Me fui a dormir. Quise soñar pero no pude. Todo lo que conseguí fue derramar saliva en la almohada y moverme de un lado a otro.
Fui al baño al amanecer. Encontré a mi padre sentado en la taza, con los pantalones abajo. Lucía pálido y enfermo. Le pregunté si se encontraba bien y, por respuesta, un gusano gordo y blanco comenzó a salir de su boca, brotando lentamente como lo hace el excremento del ano, dejando rastros de sangre y humedad en sus labios y cuello.
El animal cayó al suelo con un chasquido húmedo y me dedicó una rápida mirada antes de salir por la puerta y reptar hacia las escaleras.Es extraño, pero me pareció ver que el rostro del gusano era idéntico al de mi madre.

2 comentarios:

Hernán DEZ dijo...

Paciente secreción
Demente corazón
Tibia lengua que lame
Nostalgia en recuerdo que arde

Tímida sangre tibia
Sonriente mirada fija
Veinte centímetros virtuales
códigos latentes reales.

Anónimo dijo...

¡Ahh!
Me encanta y estremece el humor negro de tus historias, pero la verdad sin éste, no serían tuyas...jejeje..te amo corazón.